lunes, 13 de septiembre de 2010

nocturno, fuga

Las noches se cansaron de esperar a que les diera forma y se fueron,
llevándose con ellas las palabras y el lenguaje, la música y la improvisación.
La inspiración y el sentido huyeron detrás como si
escaparan a su intento de pasado. Nuevamente quedé
sólo en la habitación; rodeado de paredes, de encierros, de mí mismo y
de algunas proyecciones contrapuestas y contraproducentes.
Sin noches donde dormir no pude más que mantenerme despierto,
sin música
sin palabras.
¿Alguna ventana quizás?

martes, 7 de septiembre de 2010

fuego amigo

me disparaste al estómago una de esas balas de angustia, de la más inesperada y penetrante ¿plomo? no, ¿para qué? unas palabras confusas y confundidas bastaron, como el terror de la guerra que ni un ejercito sabe por qué pelea.
Pero esa bala de cañón entró ya mojada cuando hundió mi barco, anunciando que también mojado sería su destino, en el fondo del mar, burlado por los peces, cuarenta años luego visto como una curiosidad frente a las nuevas y modernas flotas de tu reino.
En medio de la protesta te llegó la orden y recibí un balazo de goma en la pierna, todos corren, los medios confunden y yo lo se -pero como todos termino creyendo-. Reconozco tu cara entre la muchedumbre, te vi mintiendo en las reuniones, robando sueños ahora rotos a temerosos idealistas adolescentes, desorientados.
De cualquier modo termino muerto aprendiendo a morir y a fingir la muerte.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Introducción a la expresión


Creo que ustedes lo llamarían trampa, pero es lo único que se me ocurre para enfrentar la ocasión. Las tomo para analizarlas, para que sean las respuestas y las preguntas, para que sean receta de toda esta mezcla, para que llenen hojas y el silencio y el espacio.

Sigan saliendo desordenadas, sigan expresando lo más abstracto y lo menos tangible, paren. Deténganse a tomar forma, no a todos lados entran como quieren y no de todos salen como deberían, pero ustedes no saben, solo son la máscara que se pone un fantasma para entrar a una fiesta, las hojas caídas que bailan confirmando la presencia del viento.

Me pregunto, a veces, si será éste el modo, la mejor forma de combatir un incendio, el más seguro método para sobrevivir al ataque de un oso. No encuentro respuesta, dejo abierto a que ella me encuentre, sin molestarme mucho más por eso.
Entonces, sin más que debatirles sobre el tema, dejo una pregunta libre de enredaderas:
¿Qué orientación le darán a la tinta cuando vuelva a eternizarse sobre la hoja?